Cuando nos aproximamos al tercer año de
mandato del gobierno Areces, se están cumpliendo las previsiones iniciales. En
enseñanza la Viceconsejería de Educación se limita cubrir las vacantes de
asturiano en tiempo y forma- avance con respecto a la época inmediatamente
anterior-; y a pedir a Madrid que lleve adelante lo que el gobierno del PSOE no
hace en Asturias; así pide a Madrid que los puestos de trabajo de Lengua
Asturiana sean considerados a todos los efectos como el resto de puestos de
trabajo y cubiertos desde el Concurso General de Traslados: A lo que Madrid
contesta: " cuando el Asturiano sea oficial".

En parecidos términos, aunque con matices, se sitúa la negativa del Consejo de Universidades a autorizar la Licenciatura de Filoloxía Asturiana.Ante eso el gobierno Areces se limita a callar, no se revuelve con la misma virulencia que lo hace en cuanto que Cascos abre la boca.
Pero más grave aún resulta la política general del gobierno y del propio Areces hacia la Lengua Asturiana. La retirada de la licencia a Radio Sele -radio en asturiano- y la detención por el propio Areces de un joven que protestaba contra dicho cierre en Gijón, son las dos muestras caricaturescas- y a la vez dramáticas- de esa política.
La actitud del propio Areces es de fobia hacia el asturiano, él que no se pierde ni un sólo sarao en el que haya cualquier tipo de cámara, ni siquiera se dignó a asistir a la presentación del Diccionario de la Llingua Asturiana.
Las declaraciones de los distintos responsables del PSOE asturiano no son especialmente esperanzadoras.
Sin embargo, la manifestación del 2 de febrero de 2002, a favor de la oficialidad, parece poner fin al período narcotización que la ola Areces había sometido a la sociedad asturiana en general y al movimiento asturianista en particular.
Parece, pues, que nuevamente la única salida para la oficialización del Asturiano pasa por la labor de concienciación y la movilización social.
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