Especial Carlos Moyá

{short description of image}


TENIS PLAYA 99

Presentación

Saludas

Las estrellas

Calendario y Resultados

Especial Moyá

Cuadro de Honor

Guía del Torneo

Premios y Trofeos

Reglamento

Comité


Vuelve Moyá, vuelve el número uno


Por dos veces, Luanco tuvo en su playa de La Ribera a un número uno del mundo. Pero entonces nadie lo sabía. Ni el propio Carlos Moyá, entonces con 18 años, podía imaginar que poco después se iba a convertir en el sucesor de Pete Sampras, aunque sólo fuese por unos días. Aquel joven desgarbado, con pinta de pasota, escondía a todo un campeón.

Moyá, número 1

No pudo demostrarlo plenamente en el Tenis Playa, en donde tropezó dos veces con la misma piedra, «Pato» Clavet, pero levantó pasiones y anunció lo que es hoy en día: un tenista fantástico y un fenómeno de masas.

En el discurso después de su segundo subcampeonato, Moyá reiteró su deseo de volver a Luanco. Ni siquiera entonces (agosto del 96) intuyó lo que le iba a costar, lo que se le iba a venir encima. Apenas cinco meses después, Carlos disputaba la final del Open de Australia a Pete Sampras. La perdió, pero por el camino había dejado una corriente de admiración que fue bautizada como «moyamanía». En Luanco ya sabíamos por qué. A partir de entonces nadie pudo detener su progresión. En el último año y medio, Carlos Moyá ha inscrito su nombre en el palmarés de uno de los torneos míticos, Roland Garros, y ha hecho historia con su asalto al número uno mundial. A medida que ponía el listón más alto, su vuelta a Luanco se aventuraba una utopía. Las exigencias del circuito cada vez dejan menos margen de maniobra, algo que llega a ser asfixiante para los «top-ten» y no digamos nada para el mejor del mundo. Sin embargo, al final se hizo el milagro.

Moya y Avedaño

Una serie de coincidencias, sobre todo por la derrota de España frente a Brasil en Copa Davis, dejaron un margen para el optimismo. Se podía jugar con unas fechas libres, aún a costa de adelantar el torneo algunas semanas. Pero aún quedaba lo más difícil: convencer a Carlos Moyá, un deportista saturado por compromisos de todo tipo, para que volviese a coger el avión y la raqueta para jugar en unos días que el calendario le regalaba por sorpresa para descansar. Bastó una llamada de Juan Avendaño para que se consumase el milagro. Carlos Moyá volverá a pisar la arena de La Ribera.

«Lo de venir a Luanco es un detallazo», se apresura a destacar Avendaño, para el que está claro la calidad humana de Moyá: «Si el éxito le hubiera cambiado, probablemente no vendría. Pero se ha demostrado que da la cara». Ahora, Juan Avendaño sólo espera que la afición luanquina y asturiana sepa corresponder: «La gente tiene que valorarlo porque contar con Carlos es un aliciente impresionante. Tenía esa semana libre y ha aceptado jugar el Tenis-Playa».

Para Avendaño ha sido una satisfacción la respuesta humana de Carlos Moyá, casi tan grande como las que le está dando en las pistas. No en vano, Juan fue uno de los artífices de la impresionante progresión del mallorquín. Recuerda que llegó con 17 años a Barcelona y que estaba «muy verde» porque en su tierra había jugado pocos torneos. De todas formas, el técnico luanquín ya vio que allí había madera: «Ya era alto, pero no muy trabajado físicamente. Se veía, sobre todo, que era muy inteligente y en la pista aprendía muy rápido. Le decías cuatro cosas y las asimilaba en seguida».

Como todo deportista de éxito, Carlos Moyá es un vehículo publicitario de primer orden, reforzado por una imagen que cala entre la juventud. Sobre este aspecto, Avendaño señala que «es el tenista del mundo con más gancho», pero cree que Carlos sabrá manejarlo y no le afectará en su tenis: «Ya está acostumbrado a ser el centro de atención y lo lleva bien». Luanco podrá comprobarlo durante los días 12 y 13 de julio. Tres años después, vuelve Carlos Moyá, todo un número uno del mundo.

Moyá, número 1


«Tampoco pensaba que iba a ser un número uno», reconoce Avendaño recordando aquellos primeros contactos. La clave ha estado, aparte de esa facilidad para mejorar en su tenis, «en que juega muy bien en tierra y en pista rápida. Es muy listo y tiene un poder de concentración tremendo. Da imagen de frialdad, pero yo creo que eso es, concentración. En ese sentido me recuerda mucho a Bjorn Borg». Juan justifica su efímero reinado porque «ahora el nivel medio es buenísimo» y advierte que «volverá a ser el número uno».